Cantabria es un destino familiar sólido: playas seguras, parques naturales con animales, pueblos medievales que los niños recuerdan y rutas de montaña que se pueden hacer sin que nadie termine agotado. Este itinerario de 4 días cubre lo esencial sin apretar las etapas.
Día 1: Santander y el Sardinero
Llegada a Santander. Por la mañana, el Palacio de la Magdalena y sus jardines: los niños pueden correr por los prados y ver los pingüinos en la pequeña colonia del recinto. Después, la Playa del Sardinero es ideal por sus aguas tranquilas y su arena fina. Tiene duchas, socorristas y varios chiringuitos. Por la tarde, el Museo Marítimo con sus acuarios y la réplica de un barco de pesca.
Día 2: Parque de la Naturaleza de Cabárceno
Cabárceno es el plan estrella para familias. No es un zoo al uso: los animales viven en semilibertad en un antiguo valle minero de 750 hectáreas. Se recorre en coche o en el tren turístico. Los niños disfrutan viendo elefantes, jirafas y osos desde el coche. La demostración de vuelo de aves rapaces (12:00 y 16:00) es el momento más popular. La entrada cuesta 28 euros para adultos y 14 euros para niños de 6 a 12 años. Menores de 6 entran gratis.
Día 3: Santillana del Mar y Altamira
Santillana del Mar se recorre en 2-3 horas con niños. Las calles de piedra, sin coches, son seguras para que caminen solos. La visita guiada a la Neocueva de Altamira (entrada 3 euros, gratuita para menores de 18) dura 45 minutos y explica cómo vivían y pintaban los humanos del Paleolítico. A los niños les impresiona el techo de bisontes.
Día 4: Liébana accesible: Potes y teleférico
Potes se ve en una mañana. Los soportales de la calle del Infante y los dos puentes medievales son el recorrido principal. Después, el teleférico de Fuente Dé sube hasta los 1.800 metros en 4 minutos. Desde arriba, hay un paseo llano de 1 kilómetro hasta el refugio de Áliva, sin desnivel, que los niños hacen sin problema. El teleférico cuesta 25 euros por adulto y 12 euros para niños de 4 a 12 años.
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